La Fraternidad - Congregación de Hermanas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia Provincia Madre del Buen Pastor

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La Fraternidad

Quienes somos
 
 
 



(Relectura desde nuestro Carisma)



1. SAN FRANCISCO

Francisco propone como ideal de perfección la observancia del Santo Evangelio. Quien lo toma en serio es heredero suyo, su discípulo en el ámbito de la palabra.
El Evangelio observado con sencillez atrae hermanos que quieren compartir su vida en comunión. El mismo evangelio abre y crea la comunión. A esto llamará Francisco, fraternidad.

Al poner en marcha su fraternidad, Francisco no tuvo a la vista ningún modelo precedente. En sus escritos, cuando habla de fraternidad, designa al grupo de sus seguidores. El término "hermanos" se repite sin cesar en las dos Reglas y en el Testamento, frecuentemente con adjetivos llenos de afecto: "
hermanos míos", "mis hermanos benditos", "amadísimos hermanos...".

El nombre que espontáneamente confiere a su institución es el de fraternidad, sin duda, a tal denominación lo indujo la sentencia evangélica:
"No llaméis padre a ninguno sobre la tierra. Uno es vuestro Padre, que está en los cielos, vosotros en cambio sois hermanos" (Mt. 23,9).

Según esto la vida franciscana se funda en relaciones familiares. Se presenta al exterior en servicio de caridad. Todo tiene un fondo de vida doméstica. Francisco se esforzaba en infundir el espíritu fraternal a los suyos.

La fraternidad de Francisco tiene unas características muy especiales:


 
  • Cristo, centro vivo de la fraternidad. La presencia de Cristo "hermano" en cada hombre, en cada cosa creada hace sentir a Francisco hermano de todo el mundo.

  • Alimentada en la oración. La presencia unitiva de Cristo y la acción de la palabra halla su sostén en la oración. Más aún la oración es el elemento primero en la vida de la fraternidad

  • Fundada en la caridad evangélica. Celano describe como la pobreza total, gozosa por ser voluntaria, disponía para la caridad y la caridad compensaba con creces las privaciones impuestas por la pobreza (1C 38-41).

  • La mutua aceptación. La fraternidad de Francisco presentaba grandes contrastes pero se superaban porque había una fuerza que unía a los hermanos: "Cristo".

  • Nivelación total entre los que formaban el grupo. Francisco ponía todo su afán y vigilante preocupación en mantener el vínculo de la unidad entre los que "un mismo Espíritu" había congregado. Quería ver unidos a mayores y menores, hermanados en el mismo afecto a sabios y sencillos, enlazados por un mismo amor a los procedentes de diversos países. En la primera Regla se respira de lleno el sentido de la igualdad.a

  • Mutua apertura y compenetración. "Cada cual manifieste confiadamente a su hermano la propia necesidad" (1R 1,9; 2R 2,6). La caridad con el hermano enfermo es el deber primario de la fraternidad. Francisco hacía suyos los sufrimientos de todos los enfermos (2C 175).

  • Caridad tierna, cordial y sacrificada. La caridad es virtud sobrenatural y establece relaciones "espirituales" entre los hermanos. Francisco amaba así, con espontaneidad, entregado a todos con un amor sin diferencias. Veía la fraternidad como una familia, unida con el lazo más tierno y abnegado que el más fuerte de los amores humanos: "el de una madre para con su hijo". Cada hermano era ante Francisco una persona con su individualidad humana y su fisonomía espiritual.

  • Vivir en obediencia, pero con un estilo peculiar, "obedecer" para estrechar los vínculos fraternos para que todos vivan en el amor, para que todo sea unidad en la paz y en la armonía. En este sentido la fraternidad es algo englobante en la cual se viven todos los elementos constitutivos de la identidad.


2. REGLA DE LA TERCERA ORDEN REGULAR

"Si algún hermano o hermana de esta fraternidad cayere enfermo, el Ministro o la Madre deben visitarle todos los días por sí o por otra persona, y cuidar diligentemente que de los bienes de la comunidad se le administre todo lo necesario" (RTor 7,16)
"Para que la honestidad que en todo ha de guardarse, sea compatible con la hospitalidad y caridad que acostumbran ejercer con los enfermos (RTor 10.25)

3. ORDEN CAPUCHINA

Otro punto en donde la reforma capuchina marcó su impronta, fue el amor fraterno. Resplandecía este amor fraterno sobre todo en el trato mutuo. Puede compararse a las páginas en que Celano describe el gozo de la primera fraternidad de la Porciúncula bajo los cuidados de Dama Pobreza. Tenían profundo horror a la murmuración 

y el mismo Bernardino de Asti daba ejemplo, siendo Vicario General; cuando recibía alguna acusación contra algún religioso, se ponía luego de parte del acusado y se esforzaba por defenderlo o al menos excusarlo.

Entre los hermanos se practicaba de continuo la corrección fraterna. Las relaciones superiores-súbditos estaban marcadas de amor y sencillez. Generalmente eran preferidos para guardianes hombres sencillos y de pocas letras, con frecuencia, -hermanos legos- porque se creía que en sus manos estaba más segura la pureza de la Regla; esto contribuía a que se hiciese sentir más el espíritu de familia.

Los superiores imponían con dulzura, misericordia y caritativa discreción las penitencias merecidas por los hermanos que se desviaban del recto camino y tenían siempre la única intención de salvar el alma del religioso no de humillarlo ni de alejarlo.
Otra de las características de la Orden Capuchina era la caridad expresada en la acogida a los forasteros.

4. CONSTITUCIONES DE HERMANAS TERCIARIAS CAPUCHINAS


La Fraternidad, otro elemento esencial de nuestra Identidad, tiene las características especiales, que en una u otra forma, recibe de Francisco a través de la Orden Capuchina.

El P. Fundador en las Constituciones de 1885, no dedica un capítulo exclusivamente a la Fraternidad. Pero a través de ellas y en sus cartas, se respira un auténtico espíritu fraterno, plasmado en "el amor". El Padre Fundador, siempre apoyado en San Francisco quería que este amor fuese más intenso y fuerte aún que el que profesa una madre a su hijo carnal. También hace referencia al Salmo, "qué bueno y alegre vivir los hermanos unidos".


Este amor, fundamento de la fraternidad, tiene múltiples manifestaciones, pero hay algo que marca con insistencia: "la unión y caridad fraterna entre las hermanas, como también en la falta de ella, está la ruina y la división y por lo tanto, la destrucción de las comunidades religiosas.

La igualdad entre las hermanas sin distinción de clases, el espíritu de familia, al estilo de la familia de Nazaret, es algo característico y peculiar, que, enraizado en el Evangelio, potencia nuestra Fraternidad.


5. LA SAGRADA FAMILIA EN LA  VIDA FRATERNA


La fraternidad en el carisma de la Terciaria Capuchina, tiene todos los componentes e implicaciones que le vienen del franciscanismo, pero hay algo muy propio y original del P. Fundador: el habernos dedicado a la Sagrada Familia. Esto no se reduce a un simple título o advocación, tiene una profundidad de toque carismático, que no está en contradicción, ni es una añadidura a lo que se ha visto y analizado de la fraternidad franciscana, por el contrario, centra totalmente en el corazón del Evangelio del seguimiento de Jesús.

"La familia de Nazaret" imprime unas notas características, María y José vivieron plenamente el misterio de la Encarnación, tocaron, contemplaron y vieron el "Verbo de la Vida"; más aún, María lo engendró y José fue su padre nutricio. Francisco fue un asiduo contemplador de este misterio, desde la humildad del pesebre, hasta la donación de la cruz.


Aquí el "seguimiento de Cristo" se ejemplariza en la vida privada. La familia de Nazareth tenía unas características especiales, en ella se invierten los términos de la familia ordinaria: padre, madre, hijos. Aquí el menor "Jesús", es el "mayor", ocupa el vértice, el centro. Toda la vida de José y María estaba centrada en él. Era el aporte que daban al plan salvífico de la humanidad.


Todas somos hermanas, pero con un punto de referencia: "Jesús". En él deben converger las aspiraciones, la vida de oración, trabajo, silencio, vida apostólica; pero sobre todo, "el amor", ligamen de la fraternidad, debe estar centrado en Jesús, sólo así perdura y trasciende las barreras humanas que tantas veces lo dificultan y se es capaz de llegar hasta el heroísmo y el sacrificio, como nos lo enseñan Francisco y Luis Amigó.

 
 
 
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