Llegada de la Congregación - Congregación de Hermanas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia Provincia Madre del Buen Pastor

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Llegada de la Congregación

Historia de la Congregación
 
 


Y PRODUJO EL CIENTO POR UNO. ..
REVERENDA MADRE ELENA DE BARRANQUILLA

pro colombiana TERCIARIA CAPUCHINA.


Muy Rvda. Madre VISITACIÓN DE MANISES, Fundadora en el país de las TERCIARIAS CAPUCHINAS. Desempeñó el cargo de Superiora Mayor desde 1905 hasta 19..

 

LA MEMORIA DE TAN BUENAS RELIGIOSAS " M. RVDA. MADRE VISITACIÓN DE MANISES, Comisaria. R. M. MADRE ISABEL DE BENISA, MADRE CLARA DE BENIARJO, HERMANA PURIFICACIÓN DE NAVARRES Y MADRE ELENA DE BARRANQUILLA"

"Muchas son las ocasiones en que estos nombres queridos han flotado de mis labios para ponerlos ante las religiosas de la casa de Riohacha, como modelos y ejemplares de virtudes franciscanas, de heroísmo misional, de amantes de la pobreza y de la sencillez seráfica. Porque aquellas almas sí eran grandes, con la verdadera grandeza de las virtudes cristianas".

                                                                             Mons. Vicente.


Por Osvaldo Robles Castaño


Penetrar a las pampas misteriosas en el año 1905, recién pasada la tremenda guerra de los mil días, no fue, en verdad, un programa de fácil realización. Con los rudos elementos de la época, que en la Goajira se hacían más escasos, fueron desbrozando las almas de prácticas paganas y conformando las costumbres de los aborígenes dentro de normas de cristiana convivencia. Se empezó con un servicio que bien podría llamarse ambulatorio, a lomo de bestia, bajo un sol canicular, desafiando los vientos y las sequías, y ostentando como únicas normas su resignación sin par y su total desprendimiento de las cosas de este mundo.

Tocóle a la muy Rvda. Madre Isabel de Benisa formar la vanguardia de la nobilísima cruzada. Pionera de encumbrados méritos y excelsas condiciones, trajo el mensaje primero de las capuchinas a la tierra colombiana. Escogió a Riohacha como la plaza inicial, por su cercanía a la mágica península, entonces poblada por tribus de primitivos instintos y peligrosa índole. Paciente la labor catequizadora, pero vivos la esperanza y el amor a Cristo.

La Madre Soledad de Torrente, quien cumple ya cincuenta años de vivir en la Goajira, fue también como Sor Clara de Beniarjó y como las Madres Visitación, Elena de Barranquilla y Purificación de Navarras, de las primeras luchadoras de la jornada. Habían abandonado las comodidades de un hogar a donde jamás volverían y dedicaban ahora su juventud y sus fuerzas a una tarea que envuelve piedad y patriotismo, amor a Cristo y amor a Colombia: convertir en ciudadanos a los últimos reductos de las tribus del Caribe.

Cada día aumentaban las espirituales cosechas. Nuevas monjas llegaban a coadyuvar en la imponlucha. La Madre Genoveva de Valencia, la Madre Imelda de Yaramal, muy recordada por su inteligencia y su cultura, Sor Bienvenida, Sor Clotilde, Sor Antonia. . . Muchas otras fueron engrosando la filas de Jesús. Se establecieron orfanatos en NAZARETH y en AREMASAIN. Se les enseñaba a las indias labores domésticas, que éstas enseñaban a su vez a otras nativas; se les instruía en industrias sencillas, que las alejaban del pecado; se les confortaba en la fe cristiana, como máximo don. Se crearon escuelas en Riohacha, Valledupar y Villanueva, donde las niñas de la región son educadas esmeradamente y enrumbadas en sus pasos por la vida.

No hubo tregua en la intensa batalla. Por las ardientes extensiones, por las costas salitrosas y áridas, por las colinas de Macuira, marchaban estas monjitas, predicadoras de la buena noticia. Entre los cardones silenciosos, se veían dibujadas sus siluetas, dura la corneta almidonada, anchas sus faldas humildes y abierto el corazón a los vientos de una fe que mueve las montañas. Eran portadoras insignes de la verdadera religión, la que no se orienta a fastuosidades que deslumbran, sino que flota allí donde la miseria ronda como terrible y poderosa enemiga, para buscar consuelo a los que sufren, amor a los que odian, piedad a los desvalidos, salvación a los hombres. Iban de sol a sol - de estrella a estrella. Desde el canto de los gallos, en el alba - estaban firmes en sus puestos. Las claras noches de la Goajira recogían en el diapasón de sus vientos los salmos y los rezos, para regarlos por sus pampas y sus mares. La Voz de Cristo se extendía como planta silvestre y encontraba en la humildad de estas monjitas, en su pobreza voluntaria, en su fe sincera y cierta, el mejor mensajero de sus excelencias. Los beneficios de la misión se han hecho visibles por la fuerza misma de su magnificencia. Sin ostentaciones. Siervas humildes que recuerdan a FRANCISCO DE ASÍS, fuertes en la fe, grandes en la bondad, heroicas en el sufrimiento.

Hoy, al cumplirse los cincuenta años de haberse dado comienzo a la fatigosa jornada, queremos recordar en estas líneas el provecho de su evangélimisión y enviamos a la reverendísima Madre María Luisa de Yammal, Madre General de las Terciarias Capuchinas, a la muy reverenda Madre Rogeria, Provincial, y a sus abnegadas compañeras y a las Hermanas fundadoras que aún existen, nuestras frases de estímulo y de fervoroso aplauso.

Bogotá, abril 20 de 1955.



 

APERTURA DEL JUBILEO CENTENARIO DE LA LLEGADA DE LAS PRIMERAS MISIONERAS TERCIARIAS CAPUCHINAS A AMÉRICA



Abril de 2004 a abril de 2005, año de gracia, de jubileo, ocasión profunda de alegría y celebración que induce a repensar el pasado y a reorientar el presente con visión de futuro: "Por la fuerza renovadora del Espíritu, lo viejo encuentra en lo nuevo, una expresión más plena" ( TMA 18)

Con estas palabras, la Hna. Ligia Elena Llano, superiora General, se dirige a toda la Congregación para iniciar el mensaje de apertura de esta gran celebración:


 

100 AÑOS DE PRESENCIA DE LA CONGREGACIÓN EN COLOMBIA.




La Orden capuchina ha escrito en tierras de misión las mejores páginas de su historia. Nuestro Padre Fundador, Luis Amigó, religioso Capuchino, escribió en las primeras constituciones: “Si en algún tiempo la Iglesia las pidiese para las Misiones, se prestarán con toda docilidad”. Recibiendo del Padre Luis tales palabras, nuestras primeras hermanas se disponen a ser misioneras, ya que él vive intensamente el espíritu misionero, que lo refleja desde los comienzos de su vida, por las alquerías de la huerta valenciana, luego en los pueblitos, cubiertos de vegetación y de brumas; más tarde, en las numerosas cartas que envía a sus hijas e hijos misioneros, enfatizando que las misiones pertenecen a la misma esencia del ser Capuchino.

 

¿De dónde surgió la idea de venir a Colombia?


El Padre Luis, entonces Provincial en España, recibe el pedido del Padre Francisco de Orihuela, Capuchino misionero en Colombia, que será luego Obispo de Santa Marta, para enviar hermanas a la Misión de la Guajira. La respuesta no se hizo esperar; la Congregación se puso en camino,
para realizar el sueño que palpitaba desde tiempo atrás en el corazón del Padre Fundador. ¡Ir a América!

¿Quiénes fueron las primeras misioneras Terciarias Capuchinas y cómo llegaron a Colombia?

Nos dice la historia que el 8 de Febrero de 1905, salieron de Masamagrell (España) nuestras primeras hermanas misioneras rumbo a Colombia; fueron ellas: la Madre Visitación de Manises, Isabel de Benisa, Clara de Beniarjó, Purificación de Navarrés y Elena de Barranquilla (Primera Terciaria Capuchina Colombiana). Después de 33 días de navegación arribaron a Puerto Colombia el 14 de Marzo. Luego de pasar unos días entre Barranquilla y Santa Marta, llegaron a Riohacha el 5 de abril. Eran las primeras plantas femeninas que pisaban aquellas playas misioneras. Primera Congregación femenina que llegó como misionera a Colombia.

¿Y cómo consiguió la congregación una vocación colombiana antes de llegar a estas tierras?

Es realmente extraño, o más bien, providencial. Les voy a contar rápidamente su historia: la joven, Gregoria Armenta, de una familia acaudalada de Barranquilla, siente el llamado a consagrarse al Señor, pero no encuentra en su tierra la congregación que ella desea.

Orientada por un Misionero Capuchino, emprende su viaje a España, a escondidas de su familia que no acepta esta decisión. El padre Fundador la recibió con profunda alegría y cariño. Después de realizar su formación en el Postulantado y el Noviciado, profesa y es enviada como misionera a su propia patria.




 


¿Qué fue lo que más distinguió a estas primeras misioneras?

Nuestras primeras hermanas llevaban en su corazón el ideal misionero, bebido en la fuente desde los orígenes. Fueron Terciarias Capuchinas de sabia Amigoniana, mujeres de temple, que nos abrieron brechas a fuerza de sudores, carencias, auténtica pobreza franciscana y coraje apostólico. Dóciles al Espíritu, acogieron los dones de fortaleza y discernimiento; se despojaron de todo para vivir el evangelio y transmitir su mensaje a los hermanos, siendo hermanas de aquellos a quienes fueron enviadas. Valientes y arriesgadas, porque tenían la certeza de que Dios estaba con ellas, descubrieron la presencia consoladora de Jesús, en todo momento.

¿Y cómo consiguió la congregación una vocación colombiana antes de llegar a estas tierras?

Es realmente extraño, o más bien, providencial. Les voy a contar rápidamente su historia: la joven, Gregoria Armenta, de una familia acaudalada de Barranquilla, siente el llamado a consagrarse al Señor, pero no encuentra en su tierra la congregación que ella desea.

Orientada por un Misionero Capuchino, emprende su viaje a España, a escondidas de su familia que no acepta esta decisión. El padre Fundador la recibió con profunda alegría y cariño. Después de realizar su formación en el Postulantado y el Noviciado, profesa y es enviada como misionera a su propia patria.

¿Qué fue lo que más distinguió a estas primeras misioneras?

Nuestras primeras hermanas llevaban en su corazón el ideal misionero, bebido en la fuente desde los orígenes. Fueron Terciarias Capuchinas de sabia Amigoniana, mujeres de temple, que nos abrieron brechas a fuerza de sudores, carencias, auténtica pobreza franciscana y coraje apostólico.


 
 

Dóciles al Espíritu, acogieron los dones de fortaleza y discernimiento; se despojaron de todo para vivir el evangelio y transmitir su mensaje a los hermanos, siendo hermanas de aquellos a quienes fueron enviadas. Valientes y arriesgadas, porque tenían la certeza de que Dios estaba con ellas, descubrieron la presencia consoladora de Jesús, en todo momento.


¿Cómo fueron los comienzos de la Misión en la Guajira y a qué se dedicaron las hermanas?

El campo de acción misionera era muy basto y los recursos económicos muy pocos, pues la población era pobrísima, ya que estaba viviendo las consecuencias de la guerra civil que duró tres años, pero las hermanas estaban dispuestas a dar la vida, y su coraje, su generosidad y su espíritu de riesgo hacían honor al lema de la Congregación "AMOR, ABNEGACIÓN y SACRIFICIO". Ellas son un estímulo para todas nosotras, hermanas Terciarias Capuchinas esparcidas en cuatro continentes.

La labor apostólica de nuestras Misioneras comenzó en Riohacha con la fundación del Colegio Sagrada Familia. Los orfanatos y las visitas a las rancherías fueron el modo de realizar la evangelización inicial. Las fundaciones se fueron realizando en etapas sucesivas con el apoyo de los Padres Capuchinos encargados en aquel momento de esa zona.

AREMASAIN: Orfanato de San Antonio (1.910) fue la primera Casa-Misión entre los indígenas Guajiros.

NAZARETH: Internado (1914), era ya la cuarta casa fundada en Colombia, también entre los indígenas Guajiros.

LA SIERRITA, entre indígenas Aruwacos, obra que se trasladó años más tarde a CODAZZI, como internado Divina Pastora y luego como Colegio.


 

SAN SEBASTIÁN DE RÁBAGO, en la Sierra Nevada de Santa Marta, con los grupos Aruwacos.

Así se fue extendiendo rápidamente la Congregación en Colombia pues al trasladarse el Noviciado a  Yarumal (Antioquia) las vocaciones se multiplicaron, dando la posibilidad de hacer nuevas fundaciones.

Muy bien. Me alegra mucho poder hablar de lo que tanto amo, la Congregación, cuyo nombre oficial es: “TERCIARIAS CAPUCHINAS DE LA SAGRADA FAMILIA", nació como una pequeña semilla sembrada en el santuario de Montiel (Valencia, España), aprobada por la Iglesia el 25 de Marzo de 1985, y llegó a hacerse, como el grano de mostaza, ese árbol frondoso que se ha extendido por cuatro Continentes, a cuya sombra se cobijan gentes de distintos pueblos, razas y lenguas. Prueba de este crecimiento y expansión, es que a los 20 años de fundada, fue el envío de las primeras misioneras a Colombia, como ya dije antes.

Me alegra mucho poder hablar de lo que tanto amo, la Congregación, cuyo nombre oficial es: “TERCIARIAS CAPUCHINAS DE LA SAGRADA FAMILIA", nació como una pequeña semilla sembrada en el santuario de Montiel (Valencia, España), aprobada por la Iglesia el 25 de Marzo de 1985, y llegó a hacerse, como el grano de mostaza, ese árbol frondoso que se ha extendido por cuatro Continentes, a cuya sombra se cobijan gentes de distintos pueblos, razas y lenguas. Prueba de este crecimiento y expansión, es que a los 20 años de fundada, fue el envío de las primeras misioneras a Colombia, como ya dije antes.

¿Cómo describiría, hermana al Padre Fundador?

Nuestro Padre Fundador, LUIS AMIGÓ Y FERRER, nació, precisamente, hace 150 años, en Masamagrel
l, Provincia de Valencia, España, de una familia muy cristiana e ingresó a la Orden de los Capuchinos. Siendo aún muy joven, a los 30 años, emprendió esta obra de singular importancia para la Iglesia: la fundación de dos congregaciones; la femenina primero y cuatro años más tarde, la de LOS TERCIARIOS CAPUCHINOS DE NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES. Ésta, con un carisma muy específico: ayudar a redimir la niñez y la juventud con problemas de drogadicción.


 

Su retrato se puede describir con estas palabras de Monseñor Lauzurica que fue contemporáneo suyo y se relacionó muy de cerca con él: El fondo de su se era la paz,. su vestidura la humildad. Fue un hombre de gran celo misionero, fundamentado en una fe sólida, confianza plena en la Providencia Divina y una singular experiencia de Dios, que iluminó toda su vida y que fue comunicando, despertando y cultivando en sus hijas e hijos hasta el final de sus días, porque su corazón era Misionero.

¿Qué ha significado para la Congregación de Terciarias Capuchinas, llegar a estos 100 años de presencia misionera en Colombia?

Ha significado :

Reconocer la permanente presencia de Dios. en las palabras proféticas de nuestro Fundador: La Congregación se extenderá más en América. el coraje y la valentía de las primeras misioneras. a las pioneras de esta aventura de Fe, el que hayan abierto caminos, dando aire fresco a la Congregación, sembrando en América una pequeña semilla que ha crecido, convirtiéndose en árbol frondoso de frutos sazonados.

Hoy, a los cien años, volver sobre este acontecimiento, nos ensancha el corazón, para aceptar la invitación e ir a lugares de conflicto y de pobreza .

¿Frente a la realidad del mundo de hoy, qué exigencias se presentan a la Terciaria Capuchina para la evangelización?

Ser misioneras de tiempo completo; es decir, cimentadas día a día en Dios, como la prioridad de nuestras vidas y encarnadas en las realidades humanas sufrientes; en permanente esfuerzo por inculturarnos; con muy buena preparación para ayudar a la transformación integral del hombre y de la mujer sin distingos de razas y condiciones, ni acepción de personas; abiertas a los signos de los tiempos y con una marcada opción por los más pobres; en defensa de la vida, la promoción de la justicia y la paz.

 
 
 
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