Nuestras Mártires - Congregación de Hermanas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia Provincia Madre del Buen Pastor

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Nuestras Mártires

Historia de la Congregación

HERMANA ROSARIO DE SOANO
(PETRA MARÍA QUINTANA)



INFANCIA Y JUVENTUD

La sierva de Dios Rosario nació el 13 de mayo de 1866 en Soano-Santander (España). Era hija de Antonio Quintana y Luisa de Argos, y fue bautizada con los nombres de Petra María.
Creció en una familia ejemplar, que se distinguía por su laboriosidad y por la vivencia de los compromisos cristianos.

HERMANA FRANCISCA JAVIER DE RAFELBUÑOL
(MARÍA FENOLLOSA)


INFANCIA Y JUVENTUD

La Sierva de Dios Francisca Javier nace en Rafelbuñol-Valencia (España), el 24 de mayo de 1901. Es bautizada con el nombre de María.

Sus padres, José Fenollosa y María Rosa Alcaina eran sencillos agricultores, ambos pertenecientes a la Tercera Orden de San Francisco.

Pasó la juventud ayudando a la familia en las labores propias de la casa y del campo. El Señor la probó desde muy joven: a los 14 años perdió a su madre. Este triste hecho la condujo a suplirla en los quehaceres de la casa, en el cuidado de sus hermanos más pequeños y en la ayuda a su padre en las faenas agrícolas.
Joven muy piadosa, perteneció a la Tercera Orden de San Francisco. Atestigua una de sus sobrinas: "Las circunstancias familiares, su formación cristiana, la dirección espiritual y un sermón que pronunció el Padre Luis Amigó, la inclinaron a consagrarse al Señor."

RELIGIOSA TERCIARIA CAPUCHINA

El 8 de mayo de 1889, con 23 años, ingresó en la Congregación, en el Santuario de Montiel-Benaguacil (Valencia). A los pies de la Virgen María se convenció de que Dios la quería para Él. Vistió el hábito el 14 de mayo de 1890, cambiando el nombre de Petra María Quintana por el de Rosario de Soano. El 14 de mayo de 1891, hizo su primera profesión en el convento de Masamagrell y el 14 de mayo de 1896, sus votos perpetuos. Desempeñó con dedicación los servicios que la obediencia le encomendara: superiora y consejera general, maestra de novicias y limosnera de puerta en puerta.

PERFIL HUMANO-RELIGIOSO

La hermana Rosario poseía un carácter alegre y afable. Era acogedora, sencilla, humilde y austera, cualidades que se notaban en su amor especial por los más pobres y necesitados. Con esfuerzo, constancia y tesón fue adquiriendo sus conocimientos intelectuales, los propios de aquella época. Sobresalía en el espíritu de fe, práctica de la caridad, fidelidad a Dios y al prójimo. Y en su profunda devoción por la Eucaristía.


La familia estaba formada por los padres y diez hijos y vivían todos bajo la doctrina cristiana. En este ambiente religioso transcurrió la infancia y juventud de Francisca Javier, mientras iba a la escuela del pueblo, donde realizó estudios primarios. Muy devota de la Madre de Dios, Francisca formaba parte de la Asociación de Hijas de María. En medio de los trabajos del día, no olvidaba la lectura espiritual, especialmente el Evangelio y el rezo del rosario. Dice un testimonio: "Con estos antecedentes, no es de extrañar que naciese de modo natural en ella la vocación religiosa." Cuando expuso la idea de ingresar en religión, su madre se opuso, porque María era su brazo derecho en la casa. Cedió cuando el director espiritual de su hija le indicó la obligación que tenía de no impedirle la entrada en religión.

RELIGIOSA TERCIARIA CAPUCHINA

Ingresó al postulado el 15 de noviembre de 1921, vistió el hábito el 11 de mayo de 1922, y en 1924 de esta misma fecha, emitió sus votos temporales. La profesión perpetua el 30 de agosto de 1928.

Antes de iniciar sus servicios se preparó para el apostolado y perfeccionó sus conocimientos musicales. Daba clase de música a las niñas internas. Fue ayudante de la maestra de novicias del repleto noviciado de aquel entonces

PERFIL HUMANO-RELIGIOSO

La hermana Francisca Javier es descrita como una religiosa muy bien parecida, afable, alegre y piadosa. Destacan su prudencia, ecuanimidad, sencillez, humildad. Era respetuosa con todos y gran emprendedora. Cumplía sus deberes con alegría y eficacia, al fin de los cuales gozaba recogiéndose en el silencio y acudiendo a la Eucaristía, de la cual era gran devota Las visitas que realizaba a su familia las aprovechaba para reunir jóvenes y rezar con ellas el rosario, además de hablarles de la importancia de la oración.


HERMANA SERAFINA DE OCHOVI
(MANUELA JUSTA FERNÁNDEZ)



INFANCIA Y JUVENTUD

La Sierva de Dios Serafina nació en Ochovi, Pamplona-Navarra (España), el 6 de agosto de 1872, y fue bautizada con el nombre de Manuela Justa. Era hija de Hilarión Casimiro Fernández y Juana I  Francisca Ibero,

Creció en una familia numerosa profundamente cristiana, sencilla y trabajadora, que vivía pobremente. Fruto de este ambiente surgieron las vocaciones de dos capuchinos y dos terciarias capuchinas. La respuesta de sus padres refleja el talante de la familia: "SI TENÉIS VOCACIÓN, ID A SERVIR AL SEÑOR..."


La niñez de Manuela Justa transcurrió feliz y tranquila, rodeada del cariño de los suyos. Frecuentaba la escuela del pueblo, que alternaba con trabajos domésticos y los juegos propios de la edad.

RELIGIOSA TERCIARIA CAPUCHINA

En el Santuario de Montiel (Benaguacil), a los 15 años, el 8 de mayo de 1887, ingresó en la Congregación, recién fundada por el Padre Luis Amigó. Fue admitida al Noviciado el 14 de mayo de 1890, y cambió su nombre de pila por el de Serafina María de Ochovi. Hizo su primera profesión el 14 de mayo de 1891 y sus votos perpetuos en 1896.
Su vida religiosa se desarrolló pacífica y normal, cumpliendo ejemplarmente los oficios que la obediencia le señalaba, en la enseñanza de niñas huérfanas, en la postulación para el sostenimiento de las mismas, o en cualquier faena doméstica. Fue consejera general seis sexenios consecutivos y superiora.

PERFIL HUMANO-RELIGIOSO

La hermana Serafina fue muy amada por sus hermanas de congregación, a causa de su caridad para con todas, por su ejemplaridad en la observancia y por su talante paciente y comprensivo y humilde. Era amante del trabajo y de los más necesitados. En todas sus acciones sobresalía su gran sentido de justicia, la rectitud y el cuidar todo hasta el mínimo detalle. De carácter serio, firme y franco, sin doblez, su mayor placer le venía dado en la oración ante el Santísimo Sacramento.

HIMNO A LAS HNAS. MARTIRES
 
 
 
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